La boda marinera de Belén y Jaime

La semana pasada no os pudimos contar en qué habíamos andado metidos ese fin de semana, así que para compensaros, esta semana llegan dos posts cargaditos de fotos de los dos eventos en los que tuvimos la gran suerte de estar presentes. Y para empezar, quiero hablaros del BODÓN de Belén y Jaime.

Me gusta explicaros la relación que tengo con mis chicos, y si ya os conté que Amelia y Borja eran súper especiales por ser los primeros que confiaron en nosotros después de la reapertura, con Belén y Jaime me pasó tres cuartos de lo mismo. Porque no hay nada más gratificante que recibir clientes que vienen recomendados. Bueno, sí que lo hay: Que la recomendación sea de los trabajadores del Hotel Villaitana, en Benidorm, donde estuvimos en mayo para la comunión de Ángela. Allí es donde trabaja nuestra Belén, y cuando sus compis se enteraron de que se casaba en Gandia, la enviaron a vernos. Y todavía estamos limpiándonos las babas, francamente. Sigue leyendo

La boda de Amelia y Borja

La boda de Amelia y Borja ha sido especial para nosotros en muchos sentidos. Para empezar, fueron los primeros novios que se sentaron en la mesa de nuestro estudio cuando iniciamos esta segunda etapa en Sugar House allá por el mes de abril, así que les tenemos mucho cariño. Además, nuestros chicos nos hicieron un regalo sin ellos saberlo: Dejarnos participar en otros aspectos de su gran día, como la organización del libro de firmas (aunque ya veréis que de “libro”, más bien poco) y la disposición de los detallitos que iban a regalar a los invitados. Dos pequeños detalles que para nosotros han supuesto una gran fiesta.  Sigue leyendo

El más tópico de todos los tópicos: Red velvet para San Valentín

Vale, lo reconozco. San Valentín no es lo mío. Eso de los corazones hasta en la sopa, los escaparates amorosos, los maratones de películas pastelonas en la tele… No me va ni un poquitín.

Que no digo que no me gusten las cosas adorables y las películas de amor ñoñas, porque sabe Dios que me gustan hasta la saciedad. Es sólo que en el contexto de San Valentín me toca las narices. Y tampoco insinúo que no me guste el amor, ¡ojo! El amor mola.

Pero eso de que sólo sea un día al año… ¡Ay! Cosas adorables, películas ñoñas y, sobre todo, AMOR, ¡deberíamos tenerlos todos los días del año! :D

¿Y sabéis que más me gusta, y que también mola mucho? El red velvet (literalmente, terciopelo rojo). Es ese bizcocho rojo, jugoso e increíblemente rico tan típico de Estados Unidos, que normalmente va acompañado de un buttercream de crema de queso (puede que lo hayáis visto por ahí como cream cheese frosting).

Y que San Valentín no me emocione especialmente no significa que no quiera que os pongáis manos a la obra y sorprendáis a vuestros enamorados con estos maravillosos red velvet cupcakes. Y cuando digo enamorados, digo amigas, amigos, familia… ¡Red velvet para todos!

Sí, lo sé: Corazones rojos.

Sí, lo sé: Corazones rojos.

El hecho de que el bizcocho sea rojo lo convierte en el tópico más tópico de todos los tópicos de San Valentín. Pero no por eso vamos a dejar de incluirlo en nuestra lista de “voy a aprovechar el día de los enamorados para preparar cosas ricas”, ¿verdad?

Muchos nos habéis preguntado estos días por la receta de este bizcocho, y os voy a dar la que más me gusta. Es la receta adaptada de uno de mis blogs favoritos, Joy the baker (esta de aquí), que a su vez salió del libro de recetas de la Hummingbird Bakery. Así que viniendo de esas dos fuentes, estaba claro que la receta tenía que ser un éxito.

El red velvet tiene un sabor particular y una receta un tanto especial. No lleva levadura, sino vinagre y bicarbonato. Lleva cacao en polvo, pero no sabe a chocolate exactamente. Además, la receta original se hace con buttermilk, una especie de leche fermentada que aquí es muy difícil de encontrar, pero que da una jugosidad estupenda al bizcocho (en nuestro caso, lo sustituiremos por leche y zumo de limón y nos quedaremos tan panchos).

Pero que nada de esto os eche para atrás. Prometo que la amaréis. Y si tenéis alguna duda, os remito a mi amigo Iván, que es el mayor fan del red velvet (después de mí, ejem) que podéis encontrar por aquí.

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Red velvet cupcakes con buttercream de crema de queso

Ingredientes para 12 cupcakes (receta adaptada de Joy the baker)

Para el bizcocho:

  • 80 g mantequilla
  • 150 g azúcar
  • 1 huevo L
  • 3 cucharadas de cacao en polvo sin azúcar
  • 2 cucharadas de colorante alimentario rojo en gel o 1/2 cucharadira de colorante rojo en pasta
  • 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
  • 125 ml leche
  • zumo de medio limón
  • 165 g harina
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1 1/2 cucharada de vinagre

Para el buttercream de crema de queso

  • 300 g icing sugar
  • 60 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 150 g queso crema tipo Philadelphia, frío

Primero, como siempre, precalentamos el horno a 180ºC y colocamos la bandeja en el tercio superior del horno esta vez.

Para el bizcocho, empezamos preparando nuestro sucedáneo de buttermilk. Vertemos el zumo de limón y la leche en el mismo recipiente y dejamos reposar durante unos 5 minutos. Veréis que la leche tiene grumos, como si se hubiera puesto mala: Eso es lo que buscamos. Por otra parte, en un bol grande tamizamos la harina y la sal y reservamos.

A continuación, mezclamos en un bol pequeño el cacao en polvo, el extracto de vainilla y el colorante rojo hasta formar una pasta (este paso es una de las rarezas de la receta). Si el colorante que usáis es en pasta, os recomiendo que este paso lo cambiéis, ya que no tendréis bastante colorante como para que se forme la pasta: Tamizad el cacao en polvo junto con la harina y añadid el colorante y el extracto de vainilla después de incorporar el huevo (ahora lo veis).

Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que la mezcla quede pálida y suave. Añadimos el huevo y batimos hasta que esté integrado. Ahora mezclamos la pasta que habíamos preparado hasta que esté completamente integrada y toda la masa esté teñida (repasamos bien los bordes). Añadimos la mitad de la harina tamizada y nuestro buttermilk casero y mezclamos hasta integrar la harina. Repetimos con el resto de la harina.

Incorporamos el bicarbonato al vinagre, y cuando empiece a burbujear, lo añadimos a la mezcla y mezclamos despacio hasta integrarlo del todo.

Preparamos nuestra bandeja de horno para cupcakes con las cápsulas que hayamos elegido y las llenamos hasta la mitad de su capacidad. Metemos la bandeja en el horno y horneamos durante unos 20 minutos, o hasta que al pinchar los cupcakes con un palillo este salga limpio. Dejamos enfriar unos minutos en la bandeja y pasamos a una rejilla para que se enfríen por completo.

¡Mirad qué rojo más bonito! Y la cápsula blanca para que se vea bien

¡Mirad qué rojo más bonito! Y la cápsula blanca para que se vea bien

Mientras tanto, preparamos el buttercream de crema de queso. Para este buttercream hay muchas recetas, pero yo os voy a explicar la que a mí mejor me funciona. Quizás os cueste un poco pillarle el truco, pero que no cunda el pánico, todos hemos acabado en algún momento con un líquido raro lleno de grumos de mantequilla que no sirve para nada.

Pero merece la pena, porque en mi opinión este es el MEJOR BUTTERCREAM DE LA HISTORIA. Y como pega con prácticamente cualquier receta de bizcocho, lo usaréis y lo usaréis hasta que en las tiendas se nieguen a venderos más crema de queso.

Empezamos mezclando la mantequilla con el icing sugar con un batidor eléctrico. Es importante que quede bien integrado para evitar el desastre del líquido grumoso. Cuando lo tengamos, añadimos la crema de queso fría y batimos hasta que obtengamos una crema uniforme. Nos quedará más blandito que un buttercream normal, así que no lo batáis demasiado.

Metemos el buttercream en una manga pastelera con boquilla redonda y decoramos nuestros cupcakes. Y como estamos en plan ñoño, podemos coronarlos con un corazón de fondant rojo con purpurina.

Iremos dándoos más ideas para ese día tan amoroso. Y también podéis encontrar más ideas en uno de mis álbumes de Pinterest ;) http://www.pinterest.com/naiarareig/valentines-day/

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La mesa de Xaro y Juanje en blanco y rojo

Para nuestra última mesa dulce cambiamos de paleta de colores, porque a Xaro, la novia que quiso que participáramos en su boda (¡bien!), le gustó una tarta que tenemos expuesta en la tienda y nos dijo: “Quiero algo de este estilo”. Es decir, que esta vez la decoración de la mesa partió de los colores blanco y rojo, muchos corazones, y un detalle que nos pidió la novia: El toque plateado.

Y allá que nos lanzamos. Para la boda de Xaro y Juanje preparamos una mesa dulce llena de corazones, de lunares en rojo y blanco, de minicupcakes, vasitos de yogur, palomitas dulces y mogollón de chuches.

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Una mesa con mucho rojo y mucho amor.

Los novios querían minicupcakes en su boda, aunque no nos concretaron de qué los querían. Pero por suerte para nosotros, estaba clarísimo: Decoración en blanco y rojo, y red velvet minicupcakes con buttercream de crema de queso. Con el red velvet nunca fallas, promesa.

Y puesto que no pondríamos galletas ni nada de eso, necesitábamos algo para completar la mesa. De repente aparecieron en nuestras mentes los vasitos de yogur con mermelada. “Espera, ¿y si añadimos una base de galleta como la del cheesecake?”. Ahí está, un mini postre genial.

Palomitas dulces en conos individuales con los nombres de los novios y los botes de chuches completaban la mesa.

Mini red velvet cupcakes, con buttercream de crema de queso y perlas de chocolate plateadas

Mini red velvet cupcakes, con buttercream de crema de queso y perlas de chocolate plateadas.

Una base de galleta y mantequilla, yogur y mermelada de fresa. Rico, rico.

Una base de galleta y mantequilla, yogur y mermelada de fresa. Rico, rico.

Palomitas dulces, todas en rojo para la ocasión.

Palomitas dulces, todas en rojo para la ocasión.

Esperamos que a nuestra pareja les gustara su mesa y que disfrutaran al máximo de su gran noche (que seguro que sí, porque no se nos escaparon el photocol y el fotomontaje que se iba a proyectar). ¡Gracias por dejarnos llevar un trocito de nosotros a vuestra boda!

P. D: Gracias también a toda la gente de Oliva Nova, por ayudarnos cuando teníamos que pedirles algo y hacerlo todo muy fácil a pesar del estrés del momento.

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