La boda de Amelia y Borja

La boda de Amelia y Borja ha sido especial para nosotros en muchos sentidos. Para empezar, fueron los primeros novios que se sentaron en la mesa de nuestro estudio cuando iniciamos esta segunda etapa en Sugar House allá por el mes de abril, así que les tenemos mucho cariño. Además, nuestros chicos nos hicieron un regalo sin ellos saberlo: Dejarnos participar en otros aspectos de su gran día, como la organización del libro de firmas (aunque ya veréis que de “libro”, más bien poco) y la disposición de los detallitos que iban a regalar a los invitados. Dos pequeños detalles que para nosotros han supuesto una gran fiesta.  Sigue leyendo

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La comunión futbolera de Marcos

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Sigue el mes de mayo, y en Sugar House seguimos organizando mesas dulces para las comuniones de los peques de la casa.

Esta comunión nos llegó a última hora, pero la mamá de Marcos nos lo puso todo tan fácil que fue un placer preparar esta mesa dulce tan futbolera. Porque si Marcos tiene una afición, esa es el fútbol. Juega como portero y siempre anda por ahí con un balón. Y la segunda clasificada en la lista de cosas favoritas de nuestro chico es el chocolate. Así que el tema lo tuvimos claro desde el principio: Mesa dulce con temática de fútbol y llenita de chocolate hasta los topes. Sigue leyendo

Sin gluten, pero molones

Hoy os traigo una nueva receta, y es una receta muy especial. Seguro que muchos conocéis a algún celíaco, que es el pobre que cuando alguien lleva tarta a una fiesta, no puede comerla. Pues eso se acabó. Esta receta de bizcocho de vainilla sin gluten y crema de chocolate es para ellos. Bueno y para vosotros, ¡porque está muy rica! Sigue leyendo

Dile que le quieres con un brownie

Hoy os traigo otra receta ideal para estos días amorosos. Y no sólo por lo obvio (corazones y demás, ya sabéis de qué va esto), sino porque es apta hasta para los más ineptos, culinariamente hablando. Os pongo en antecedentes: Esta fue la primera receta que preparé que no tuviera que ver estrictamente con no morir desnutrida, cuando mis amigos vinieron de visita a Inglaterra y quería hacerles un regalito (porque además su vuelo llegaba a las tantas y estaba segura de que tendrían hambre, que nos conocemos).

Y como por aquel entonces mis conocimientos de repostería rondaban más bien el “cero patatero” (ahora hemos mejorado un poco, pero tampoco es que esté yo saturada de conocimientos…), buscaba algo fácil y rico. Resultón vamos. Así que lo primero que me vino a la mente fue uno de esos brownies americanos maravillosos, chocolateados al máximo y ricos como ná.

Partimos de la base de que necesitaba una receta que fuera ultra fácil de seguir y que se pudiera llevar a cabo con mis más bien escasos cacharros de la cocina de la residencia. Así que esta receta de brownie clásico del blog El Monstruo de las Galletas (si no lo conocéis, a partir de ahora me vais a querer mucho) fue todo un hallazgo. Porque es TAN fácil, y está TAN buena… Tanto, que la probé hace años y nunca cambié: Esta es mi receta de brownie, la que siempre uso, mi “amor de brownie”.

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Lo mejor de esta receta es que se usan ingredientes de los que se tienen por casa, y no me vengáis con que no tenéis chocolate en casa, porque entonces tenemos un problema serio.

En este caso no hemos añadido las nueces de la receta original por dos razones: 1. Porque soy alérgica y aunque amo los brownies no merecen que muera asfixiada, y 2. Porque como la idea era cortarlo con un cortador para galletas, los bordes quedan mejor si no encontramos tropezones. Si no vais a usar cortador, a por las nueces sin miedo, o almendras, o trozos de chocolate enteros que chorrean cuando lo cortas…

Otra cosa que hemos hecho diferente aquí ha sido alargar un poco el tiempo de horneado, y también tiene que ver con el tema del cortador de galletas. Así que si lo vais a hacer de la forma tradicional (prometo que aunque no tenga forma de corazón este brownie también le dice a la persona que lo recibe “Eh, que te quiero”), hornearemos sólo 20-25 minutos, lo suficiente como para que esté seco por arriba pero que al pinchar con un palillo aún salga con un poquito de masa.

IMG_0645_(640w-Q80) Brownie clásico de chocolate Receta del blog ‘El Monstruo de las Galletas’ Para el brownie:

  • 250 g mantequilla sin sal
  • 140 g chocolate de cobertura (60% por lo menos)
  • 4 huevos
  • 225 g azúcar
  • 120 g harina
  • 100 g nueces (opcional)

Para la cobertura:

  • Yo utilicé 50 g chocolate negro + 50 g chocolate blanco. Pero podéis utilizar el chocolate que os apetezca, incluso darle un toque de sabor diferente con las coberturas de chocolate de colores y sabores como las que tenemos en la tienda.

Para la decoración:

  • Lo mismo. Yo utilicé glasa roja, pero puede ser cualquier tipo de chocolate o candy melts, bolitas de colores…

Empezamos precalentando el horno a 180ºC, con calor arriba y abajo y la bandeja a media altura. Engrasamos y enharinamos un poco nuestro molde, en mi caso uno cuadrado de 24×24 cm.

Derretimos la mantequilla en el microondas o al baño María, con cuidado de que no se nos queme. Cuando la mantequilla esté derretida, vamos añadiendo el chocolate hasta que se funda por completo. Si no terminan de deshacerse los trocitos, metemos en el micro de 15 en 15 segundos hasta que quede una mezcla lisa.

A continuación, en un bol grande batimos el azúcar y los huevos, sólo hasta que se mezclen, sin añadir mucho aire. Esto es importante, porque a diferencia de los bizcochos, en un brownie no queremos que la masa suba.

Añadimos la mezcla de mantequilla y chocolate fundido (cuando ya esté un poco templada) y removemos bien. Agregamos la harina y mezclamos hasta que se integre.

Vertemos nuestra mezcla en el molde que habíamos preparado y horneamos durante unos 30 minutos (ya sabéis, si queremos que quede más jugoso como en la receta normal, entre 20 y 25 minutos). Lo sacamos y lo dejamos enfriar. De nuevo, si no vamos a hacer ninguna forma, lo ideal es servirlo calentito con una bola de helado o nata montada. Cuando esté frío, cogemos nuestro cortador y vamos cortando aprovechando al máximo el espacio. Nos comemos los restos para no dejar pruebas.

Derretimos el chocolate que hayamos elegido en el micro y cubrimos nuestros corazones. Cuando el chocolate se haya endurecido, terminamos con la decoración que nos guste más.

Y ala, ¡a repartir amor! Un besote. IMG_0648_(640w-Q80)

Cupcakes de calabaza especiados con buttercream de chocolate

Vaaaaale, ya sé que nos estamos poniendo todos muy intensos con el tema navideño, que ya está empezando la campaña en los comercios y que los turrones están a la vuelta de la esquina… Pero, lo siento, tengo que pararos los pies. ¿Es que nadie se ha dado cuenta de que nos hemos plantado casi en diciembre y no hemos tenido un otoño de verdad?

Hemos pasado de ir en manga corta a sacar los abrigos. Y que me he dado cuenta que si llega diciembre, será momento de empezar con las recetas navideñas, ¡y no habrá dado tiempo a cocinar nada propio del otoño! Le dimos la bienvenida a la estación con una maravillosa tarta de manzana y ahí quedó la cosa.

Pero de eso nada. He decidido que no vamos a cambiar de mes y de estación tan rápido. ¡No iba yo a estar todo el año esperando para comprarme una calabaza y luego no usarla! Así que encendí el horno, asé mi calabacita y horneé estos increíbles cupcakes de calabaza especiados con buttercream de chocolate con leche.

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Además, estos cupcakes tienen una dedicatoria especial, a la persona que me hizo probar la combinación de calabaza y chocolate: Mi amiga y ex compi de prácticas Maria, que nos trajo una tarta casera genial el día que vino a despedirse antes de irse a vivir Londres. ¡Ànim perleta! ¡Ens veiem prompte!

Y ahora volvamos a los cupcakes. He utilizado la receta del bizcocho de calabaza de Martha Stewart, un pelín modificada. En un principio quería añadir trocitos de chocolate a la masa, pero pensé que tanto chocolate enmascararía el sabor de la calabaza. La textura queda muy suave, la calabaza hace que el bizcocho quede súper jugoso, y con las especias y el chocolate… ¡Ñam! Prometo que gustarán hasta los más calabaza-reacios (como yo, sin ir más lejos).

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Cupcakes de calabaza especiados con chocolate

Receta para unos 20 cupcakes (yo hice 12 más un bizcochito bequeño con el resto de la masa)

Bizcocho:

Adaptada de la web de Martha Stewart

  • 115 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 215 g harina
  • 1 cucharadita de canela
  • Una pizca de nuez moscada (ella pone 1/4 de cucharadita, pero después de probarlo creo que sobresale demasiado sobre el resto de sabores)
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharadita de levadura química tipo Royal
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato de soda
  • 250 g azúcar (he reducido la cantidad de azúcar original, teniendo en cuenta que vamos a coronar nuestros cupcakes con un riquísimo y dulce buttercream de chocolate)
  • 2 huevos L
  • 250 ml leche templada
  • 250 ml de puré de calabaza

Buttercream de chocolate con leche

  • 400 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 400 g icing sugar
  • 200 g chocolate con leche

Antes que nada, prepararemos el puré de calabaza. Precalentamos el horno a 160ºC (calor arriba y abajo, sin aire). Partimos una calabaza pequeña por la mitad y metemos cada mitad en el microondas unos 10 minutos cada una antes de ponerlas en el horno (un truquito que encontré por casualidad en el blog Cuinant). Introducimos las dos mitades en el horno y cocinamos durante una hora aproximadamente (aquí los tiempo no son tan exactos). Entonces subimos la temperatura del horno a 180ºC y conectamos la opción del aire. Horneamos hasta que esté dorada y al pinchar la calabaza esté blandita. En mi horno tardó una media hora. Veréis que se ha quedado como una piscinita en el centro. Apagamos el horno y dejamos la puerta cerrada: El juguito se reabsorberá y dejará todo su sabor. Con una cuchara, sacamos la pulpa y batimos con una batidora de mano para eliminar los filamentos. Ya tenemos nuestro puré.

  1. Precalentamos el horno a 180ºC.
  2. En un bol grande, tamizamos la harina, las especias, la levadura, el bicarbonato y la sal. Reservamos.
  3. Con la ayuda de una batidora eléctrica, batimos la mantequilla y el azúcar hasta que se ponga pálida y esponjosa. Añadimos los huevos, uno a uno, y batimos hasta que estén incorporados.
  4. Añadimos el puré de calabaza y la leche y removemos hasta integrarlos en la masa. Vamos agregando la mezcla de ingredientes secos y batimos sólo hasta que la harina esté integrada.
  5. Preparamos una bandeja de horno para cupcakes con las cápsulas que hayamos elegido y rellenamos con nuestra masa hasta la mitad (esta no sube mucho, así que podríamos pasarnos un pelín, pero nunca más de 3/4). Horneamos durante 20 minutos, o hasta que al pinchar con un palillo salga limpio.
  6. Al sacarlos del horno, dejamos enfriar unos minutos en la bandeja, y enfriamos por completo en una rejilla
  7. A continuación, preparamos el buttercream. Primero derretimos el chocolate con leche en el microondas, primero un minuto y luego en intervalos de 15 segundos para que no se nos queme, y dejamos que se temple para que no derrita la mantequilla al añadirlo. En el bol de la batidora eléctrica, batimos la mantequilla a temperatura ambiente con el icing sugar tamizado hasta que la mezcla se ponga casi blanca y adquiera consistencia. Bajamos lo que ha quedado en las paredes, añadimos el chocolate YA TEMPLADO y volvemos a batir hasta que se integre.
  8. Metemos el buttercream en una manga, decoramos nuestros cupcakes y nos comemos lo que queda en el bol.

¡Voilà! ¡Un besote!

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Tarta de queso indignada

Quizá no lo sepáis (claro, no tenéis por qué saberlo), pero yo fui una de esas estudiantes universitarias que tuvo la gigantesca suerte de participar en el programa Erasmus. Y digo suerte no porque sea muy difícil acceder a una de las plazas que se ofertan, sino porque esta beca es una oportunidad maravillosa que cambia la vida de los que la disfrutan, una experiencia que ningún estudiante debería perderse.

Esto viene a que últimamente he tenido mucho tiempo para pensar en mi experiencia personal con la Erasmus. Y cuando digo para pensar, en realidad digo para indignarme cuando apareció la posibilidad de que estas becas dejaran de beneficiar a gran parte de los estudiantes (una decisión que desprendía tufillo a “antesala de la eliminación definitiva de las ayudas”, como ya ocurrió con las SICUE).

Iba a dedicar este post a explicaros lo que supuso para mí ese año en Inglaterra, que cambió mi vida y mi forma de ver el mundo, pero otros acontecimientos recientes han ocupado también mi tiempo y mis pensamientos indignados.

Aún así, la entrada de hoy quiero dedicarla a las noches en casa de Madda, a su amor por la nutella, a la tarta de queso barata del supermercado, que un día descubrimos que estaba buena con cualquier cosa, a mi postre predilecto en el Five Swans y a aquello que nos pasa a los que nos vamos fuera de “o aprendo a cocinar o moriré de hambre”. Y a mi me dio por el dulce.

Hoy, tarta de queso al estilo americano con chocolate y nutella (sí, las dos cosas, a lo loco). Sí sí, ya sé que lo habitual es echarle salsa de frutos rojos, frambuesa o arándanos, pero os prometo que así también está riquísima (una de tantísimas cosas que aprendí gracias al Erasmus).

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Y después de este tochete inicial. Vamos con la receta de esta tarta maravillosa. En mi caso, la he adaptado de la receta de New York Cheesecake de Sandeea, de La receta de la felicidad. Si todavía no la conocéis, entrad YA en su blog, que es precioso, y además acaba de sacar un libro de recetas que no sólo son de rechupete sino que, como todo lo que ella hace, tienen una pinta que no puede ser más bonita.

Yo dividí las proporciones de la receta por la mitad y utilicé un molde de 15 cm (en mi familia estamos a puntito de explotar, y las paredes de nuestra casa no me lo perdonarían). Y, evidentemente, cambié el topping de frambuesas por otro de chocolate y nutella, para adaptarlo a nuestra cochinada erasmusense.

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New York Cheesecake

Adaptada de La receta de la felicidad

Base:

  • 150 g de galletas maría o digestive (yo usé digestive, que me encantan)
  • 45 g mantequilla sin sal

Relleno:

  • 450 g queso crema (tipo Philadelphia)
  • 100 ml yogur griego natural
  • 125 g azúcar
  • 1 huevo L
  • Unas gotitas de zumo de limón (ella usa el zumo de medio limón para sus proporciones, pero yo puse una media cucharadita y aún sabía más a limón de lo que me gustaría)
  • 1 1/2 cucharada de harina tamizada
  • 1/4 cucharadita de vainilla

Topping:

  • 100 g chocolate negro
  • 2 cucharadas de nutella (o más, a gusto del consumidor)

Lo primero, precalentar el horno a 200ºC mientras preparamos la base y el relleno de nuestra tarta.

Empezamos preparando la base. Derretimos la mantequilla en el microondas (ojo, no os paséis, que no se os queme). A continuación, trituramos las galletas con un robot de cocina, o bien las metemos en una bolsa con cierre y las machacamos con un rodillo hasta que se queden como un polvito de galleta. Mezclamos el polvo de galleta con la mantequilla (Sandeea acierta al explicar que tiene que quedar como arena mojada, esa es la textura que buscamos).

Recortamos un círculo de papel de horno del tamaño de la base de nuestro molde y lo colocamos. Vamos aplastando la mezcla de mantequilla y galleta en el fondo del molde, procurando que quede lo más lisa y compacta posible. La metemos en el congelador mientras preparamos el relleno.

Y empezamos con la parte interesante. En un bol grande, batimos el queso crema para conseguir una textura fina. Añadimos primero el azúcar, y luego el yogur, el zumo de limón y la vainilla. A continuación, agregamos la harina tamizada, sólo hasta que se incorpore.

Por último, incorporamos el huevo, pero sin batir demasiado y procurando que la masa no coja demasiado aire, ya que entonces se agrietaría la tarta. Sacamos el molde que habíamos metido en el congelador y vertemos nuestra masa.

Metemos la tarta en el horno precalentado a 200ºC y horneamos durante 10 minutos. A continuación, bajamos la temperatura del horno a 90ºC y horneamos durante unos 25 minutos más (en este momento, el centro de la tarta debería parecer un flan). Cuando hayamos apagado el horno, dejamos dentro la tarta durante un par de horas sin abrir la puerta (esto es importante, ya que de lo contrario se nos hundirá el centro) para que se enfríe. Y una vez esté a temperatura ambiente, la metemos en la nevera para que se enfríe por completo (una noche entera es lo ideal, para que se asiente bien).

Y justo antes de servir, derretimos en el microondas el chocolate con la nutella (tras el primer minuto, programar de 15 en 15 segundos para evitar que se queme el chocolate). Vertemos sobre nuestra tarta hasta que se derrame por los lados, sin piedad. Servimos y esperamos a los “¡Oh dios! ¡Esto está buenísimo!” y quizás también a los aplausos.

P.D: Con el topping tradicional estará igualmente de rechupete, palabra, y si no que se lo pregunten a los cientos de porciones que acabaron en mi plato en el Five Swans.

¡Un besote!

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Cake pops de after eight y otras blasfemias

En este blog queremos sinceridad, ¿verdad? Porque queremos ser amigos, y para ser amigos tenemos que ser sinceros, ¿no? Bien pues hay algo que tenéis que saber sobre mí: Mezclar chocolate y menta me parece una ABERRACIÓN. No, aberración no es una palabra demasiado fuerte.

Y no puedo ser la única que piense que la sensación al comer chocolatinas (o helado, el súmum del frescor chocolateado) de after eight es como la de estar mascando chicle y de repente meterse un trocito de chocolate en la boca, ¿no? Como estar lavándote los dientes y justo cuando terminas y aún te dura el sabor a menta empezar a comer chocolate. Asqueroso, lo siento.

Ya, ya. Ya sé que muchos os estáis llevando las manos a la cabeza. “¿Pero cómo se atreve?”, pensaréis y me maldeciréis. Pero imaginad un bocadillo de nocilla con chorizo. Ahí está, conservad esa cara y miraos en un espejo. Esa soy yo pensando en el after eight.

Ahora bien, cuando una hace un regalo se supone que tiene que pensar en la otra persona. Y si la persona en cuestión es una gran amante de esta combinación diabólica, y además se vuelve loca con los cake pops… En fin, ¿qué se le va a hacer?

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La verdad es que todo esto viene de que me gusta infusionar cosas en leche, véase ramas de canela o corteza de limón. Sí, por alguna razón me parece muy divertido tener leche que también sabe a otra cosa. Así que cuando estuve dándole vueltas a una receta diferente para hacerle un regalo para mi chico, me vino a la cabeza lo mucho que le gusta el after eight y cuantísimo me meto con él por eso, y me encabezoné con usar chocolate y leche infusionada con menta en alguna receta.

Después, lo de convertir todo eso en cake pops vino sólo. Y la cara cuando se acercó el primero a la boca y olió la menta… “¡¡Son de after eight!!”. Efectivamente. No tuvo precio.

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Por dentro son verde menta y llevan trocitos de chocolate :)

Cake pops de menta y chocolate

Para el bizcocho

  • 100 ml aceite vegetal o aceite de oliva suave
  • 220 g azúcar
  • 2 huevos L
  • 200 g harina
  • 1 1/2 cucharaditas levadura química en polvo (tipo Royal)
  • 170 ml leche (para el bizcocho usaremos sólo 130 ml, y el resto para el buttercream)
  • Un buen puñado de hojas de menta

Para el buttercream

  • 150 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 250 g icing sugar (o azúcar glas en su defecto)
  • los 40 ml de leche que sobra del bizcocho
  • Trocitos de chocolate, por lo menos 4 cucharadas (más o menos, a gusto del consumidor)
  • Colorante verde (yo usé el verde Kelly de Wilton)
  • Unas gotitas de extracto de menta, no más de 1/4 cucharadita (opcional, yo usé el concentrado de LorAnn)

Para montar los cake pops

  • Palitos para cake pops
  • Chocolate para fundir

El primer paso es infusionar la menta en la leche. Ponemos la leche con las hojas de menta lavadas en un cazo hasta que hierva. Apartamos del fuego y dejamos reposar durante unos 15 minutos. Cuando esté templada, colamos y reservamos.

Precalentamos el horno a 180ºC y engrasamos el molde que hayamos elegido. El diámetro del molde no es demasiado importante, ya que vamos a desmigar el bizcocho, pero mejor si no es demasiado grande, para que el bizcocho no sea demasiado fino y quede seco.

Tamizamos en el mismo bol la harina y la levadura y reservamos.

Batimos el aceite con el azúcar hasta que esté bien mezclado. Incorporamos los huevos, uno a uno, hasta que estén bien integrados en la masa.

Añadimos la mitad de la harina tamizada y 130 ml de la leche infusionada. Mezclamos sólo hasta que la harina esté integrada. Añadimos el resto de la harina y volvemos a batir.

Vertemos la mezcla en el molde engrasado y horneamos más o menos tiempo según el diámetro de nuestro molde (usad uno que hayáis usado antes para saber el tiempo aproximado que tardará el bizcocho en estar listo). El mío tardó 60 minutos en un molde de 18 cm.

Al sacarlo del horno, dejamos enfriar en el molde durante unos 10 minutos y por completo encima de una rejilla.

Mientras el bizcocho se enfría, preparamos el buttercream. Con la batidora eléctrica, batimos la mantequilla a temperatura ambiente (¡nada de microondas eh!) con el icing sugar tamizado.

Si queremos usar las gotitas de extracto (yo lo recomiendo, ya que si no el sabor de menta se puede perder entre tanto ingrediente y desaparecer luego cuando cubramos con chocolate), las mezclamos con la leche antes de añadirla. A velocidad baja, añadimos la leche que nos había sobrado del bizcocho.

Cuando esté todo mezclado, subimos a velocidad media-alta durante unos 5 minutos, hasta que la mezcla se vuelva casi blanca. Bajamos lo que haya quedado en las paredes y en la pala y volvemos a batir. Añadimos el colorante verde, para que además de sabor, nuestra mezcla tenga también color de menta. Sumergimos un palillo en el colorante y hacemos una espiral dentro del buttercream (recordad que es mejor hacerlo poco a poco, porque siempre estaremos a tiempo de añadir más colorante si es necesario).

Incorporamos los trocitos de chocolate y los mezclamos bien.

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Cuando el bizcocho esté completamente frío, lo desmigamos. Para ello, lo cortamos en cuatro trozos, cogemos dos, y los frotamos entre ellos sobre un bol grande. Repetimos el proceso hasta terminar el bizcocho.

En un recipiente (yo recomiendo uno no muy ancho y más alto que un bol, para que no tengamos que derretir tanto chocolate y el que tengamos nos cunda más), derretimos el chocolate y dejamos que se temple, para que no nos derrita la mantequilla del buttercream cuando vayamos a cubrir los cake pops.

A continuación, creamos la masa de los cake pops. Vamos añadiendo cucharadas de nuestro buttercream al bol de migas, hasta que tengamos una pasta que podamos manejar con las manos.

Cogemos pequeñas cantidades de masa y hacemos bolitas, procurando que queden lo más redondas e igualadas posible. Para que todos nuestros cake pops tengan más o menos el mismo tamaño, podemos pesar la masa que vamos cogiendo (mis bolitas pesaban unos 20 g), o coger todas las bolas con la misma cuchara (por ejemplo, con una cuchara de helado pequeña).

Ponemos todas nuestras bolitas sobre una bandeja y la metemos en el congelador durante unos 15 minutos, porque no queremos que se congelen, sólo que se asiente la masa para que no se rompa al trabajar con ella.

Sacamos la bandeja del congelador y preparamos los palitos. Mojamos el extremo de cada uno en el chocolate fundido y lo introducimos hasta la mitad de la bola. Repetimos la operación, y cuando tengamos todas las bolas con palito, volvemos a meter la bandeja esta vez en la nevera, para que se endurezca el chocolate que nos hará de pegamento.

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Cuando el chocolate de haya endurecido, llegamos al momento cumbre: Cubrir nuestros cake pops con chocolate. Yo utilicé chocolate negro, porque me pareció mejor para crear el contraste con la menta. Así que cogemos nuestro cake pop por el palito, lo sumergimos en vertical en el chocolate fundido y cuando lleguemos a la altura del palo lo sacamos otra vez en vertical.

Le damos unas vueltas para eliminar el exceso de chocolate. También podemos darle unos golpecitos a la mano que sostiene el palito (¡no al palito directamente!) para ayudar. Una vez cubierto, podemos ir colocando los cake pops en un soporte especial, pincharlos en un recipiente con azúcar o sal o en un corcho, colocarlos boca abajo sobre una bandeja… Y ya sólo queda dejar que el chocolate de fuera se endurezca.

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¡Ya podemos disfrutar de nuestros after eight cake pops! (aquellos a quienes no os parezcan una blasfemia, claro jaja). Pero puedo aseguraros que los amantes de la menta con chocolate los adorarán, y los que dicen “bueno a mi el after eight no me mata”, como la jefa, ¡también!

Animaos con esta y otras combinaciones. ¡Un besote!

Tarta de chocolate blanco y negro

Cuando te gusta cocinar (y muy especialmente cuando los demás lo saben) pasan cosas misteriosas. Bueno, en realidad no tanto: Te conviertes en proovedora oficial de tartas para ocasiones especiales. Casi siempre es idea mía (cuando es el cumpleaños de alguien, por ejemplo, suelo ver en mi cabeza la receta que va con esa persona y esa ocasión), pero otras veces no. Otras veces hay alguien, y con alguien me refiero a los jefes, que me pide que cocine.

La última vez fue el día del santo del jefe (¡feliz santo papá!), que es muy goloso, y quisimos regalarle una tarta. Y como si al jefe hay algo que le gusta es el chocolate, pensé: Ya está, la tarta llevará tanto chocolate como quepa en la masa.

Y este fue el resultado, una tarta de chocolate negro con buttercream de chocolate blanco que estaba taaaaaaan buena…De hecho, la razón de que haya tan pocas fotos y estén tan oscuras es que lo celebramos por la noche y nos pudo el ansia. ¡No quedó nada!

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El bizcocho de chocolate negro es el que he usado en otras ocasiones. Queda denso, pero muy jugoso y nada pesado. También lleva un toque de café (del soluble de toda la vida), que siempre es un acierto combinado con el chocolate. Y con el buttercream de chocolate blanco se crea una combinación PERFECTA.

Es una tarta perfecta para cualquier ocasión y lo mejor… ¡que seguro que gusta a todo el mundo! En este caso la decoración la hice con manga pastelera, pero podéis simplemente cubrirla con espátula y dejarla lisita o forrarla con fondant, porque el bizcocho es lo suficientemente consistente.

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Tarta de chocolate negro y blanco

Para el bizcocho:

  • 155 g chocolate negro para fundir
  • 115 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 250 g azúcar moreno (le da más cuerpo al bizcocho, pero podéis utilizar también azúcar blanco)
  • 2 huevos L, separados
  • 250 g harina
  • 1 cucharadita de levadura química (tipo Royal)
  • 1 cucharadita de bicarbonato de soda
  • 1/4 cucharadita de sal
  • 340 ml leche (mejor entera o semi)
  • 1 cucharadita de café soluble (podéis omitirla, pero creedme, queréis añadirlo)

Para el buttercream:

  • 250 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 250 g icing sugar (podéis usar azúcar glas en su lugar, muy tamizado, pero está prohibido utilizar el azúcar glas hecho en casa, porque nunca queda lo bastante fino)
  • 100 g chocolate blanco
  • 1 cucharada de leche (aproximadamente)

Precalentamos el horno a 175ºC y engrasamos un molde de 18 cm. A mí me gusta cortar un círculo de paper de horno del mismo diámetro del molde y pegarlo en la base.

Derretimos el chocolate en el microondas, un intervalos de 15 segundos para vigilar que no se queme (podemos poner primero un minuto y luego de 15 en 15). Dejamos reposar.

Tamizamos en el mismo bol la harina, la levadura química, el bicarbonato y la sal. A continuación disolvemos el café soluble en la leche. Reservamos.

Montamos las claras a punto de nieve y reservamos. Podemos añadir 1/4 cucharadita de cremor tártaro cuando las claras empiecen a espumar. Batimos también las yemas y reservamos.

Batimos la mantequilla con el azúcar a velocidad media hasta que estén bien integrados. Añadimos las yemas y batimos a velocidad baja hasta que se integren con la mantequilla y el azúcar.

El siguiente paso es añadir el chocolate derretido, cuando ya esté templado para evitar que el calor cuaje las yemas. Batimos hasta que esté bien mezclado.

Incorporamos un tercio de la harina tamizada con la mitad de la leche con café. Mezclamos sólo hasta que la harina esté incorporada, ya que si batimos en exceso nos quedaría un bizcocho duro (se puede hacer con la lengua, no hace falta batir). Repetimos con otro tercio de la harina y el resto de la leche. Terminamos con el último tercio de la harina.

Por último, añadimos las claras montadas, en tres partes, mezclando con movimientos envolventes de abajo a arriba. Veréis cómo la masa gana cuerpo y queda esponjosa.

Vertemos en el molde engrasado y horneamos durante unos 50-60 minutos (es lo que tarda el bizcocho en mi horno, pero si es la primera vez que hacéis un bizcocho de este tamaño, recomiendo que vigiléis el horno y comprobéis con un palillo).

Cuando al pinchar con un palillo este salga limpio, el bizcocho está listo. Al sacarlo del horno, lo dejamos enfriar en el molde durante unos diez minutos y por completo en una rejilla.

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Mientras se enfría el bizcocho, preparamos el buttercream.

Para empezar derretimos el chocolate blanco en el microondas y dejamos que se temple. Este paso es importante, ya que tiene que haberse enfriado antes de aladirlo al buttercream, de lo contrario nos derretiría la mantequilla ¡y adiós buttercream!

En el vaso de la batidora, batimos la mantequilla con el icing sugar tamizado (con la K de las batidoras eléctricas o con las de varillas manuales, no con las de cuchillas). Batimos durante unos 5 minutos hasta que la mezcla gane volumen y se vuelva mucho más clara. Bajamos con la lengua lo que haya quedado en los bordes y batimos de nuevo.

Cuando el azúcar y la mantequilla estén completamente integrados, añadimos el chocolate derretido YA FRÍO batiendo a velocidad baja, y subiendo la velocidad cuando ya lo hayamos añadido todo.

Queda un buttercream bastante blandito, así que es mejor trabajar rápido con él. En este caso, cubrimos el bizcocho con una capa de crema con la espátula y vertemos el resto en una manga pastelera desechable en la que habremos colocado una boquilla redonda (yo he usado la nº12 de Wilton). Decoramos haciendo puntitos y arrastrando con una espátula.

Haced esta tarta, cambiad el buttercream, utilizad esta técnica de decoración para otras tartas. ¡Y a disfrutar!