Sin gluten, pero molones

Hoy os traigo una nueva receta, y es una receta muy especial. Seguro que muchos conocéis a algún celíaco, que es el pobre que cuando alguien lleva tarta a una fiesta, no puede comerla. Pues eso se acabó. Esta receta de bizcocho de vainilla sin gluten y crema de chocolate es para ellos. Bueno y para vosotros, ¡porque está muy rica! Sigue leyendo

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Hummingbird cake

¿Sabéis eso de “en casa del herrero, cuchillo de palo”? Pues ea, ya sabéis de qué va esto.

Porque cuando tienes entre manos un informativo de radio, un curso online, toneladas de cajas sin abrir y miles de cosas que hacer, se cierne sobre ti una nube negra que hace que termines por convertirte en la peor novia del universo. Eso es. Porque llega el día en que tienes que hacerle algo especial a tu chico por su cumpleaños, y se te echa el tiempo encima.

Y para eso sólo hay una solución: Una comida campestre con los amigos y la tarta más rica del mundo mundial. Bueno vale, igual no todos sois “muy de campo”. Pero prometo que a partir de ahora todos seréis “muy de esta tarta”. La Hummingbird cake (tarta ruiseñor), un clásico de la famosa pastelería Hummingbird bakery.

Es un bizcocho de plátano y piña con relleno y cobertura de crema de queso, que está espectacular. Sólo os digo que se escucharon frases como “Qué bueno está esto, ¿lleva plátano?”, o “Espectacular” o “De lo mejor que has hecho”.

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Hice una pequeña modificación, y cambié el buttercream del exterior por uno de dulce de leche que estaba… ¡Ñam! (hacía calorcete, y el pobre estaba ya un poco tristón cuando hice la foto). El relleno sí era el tradicional, de crema de queso. Y la combinación, buenísima.

Y lo del mensaje del topper no es una equivocación. No amigos, todo tiene una explicación. La tarta era para celebrar su cumpleaños, y pensando en cómo podíamos hacerlo un poco más especial, me quedé mirando la foto del año pasado pensando algo así como “busca las siete diferencias”. Y sólo encontré una: El chico de la película ahora lleva barba.

Así que ahí está, el juego de palabras entre “beard” (barba) y “birthday” (cumpleaños). Feliz “día de la barba” a todos.

Si se veía así por dentro, imagináos lo buenísima que estaba

Si se veía así por dentro, imaginaos lo buenísima que estaba

Hummingbird cake

Receta adaptada del blog ‘Call me cupcake’

Para el bizcocho (3 capas de 15 cm):

  • 253 g harina
  • 240 g azúcar blanco
  • 1/2 cucharadita bicarbonato de soda
  • Pizca de sal
  • 1/2 cucharadita canela
  • 2 huevos
  • 110 ml aceite vegetal (de girasol, por ejemplo)
  • 1 cucharadita extracto de vainilla
  • 135 g piña en su jugo (sin escurrir)
  • 2 plátanos medianos maduros

Para la crema de queso:

  • 60 g mantequilla a temperatura ambiente
  • 120 g queso crema
  • 300 g icing sugar

Para el buttercream de dulce de leche:

  • 150 g mantequilla a temperatura ambiente
  • 75 g icing sugar (este buttercream siempre queda muy espeso, así que utilizamos poco azúcar con la intención de poder esparcirlo cómodamente con la espátula)
  • 1 cucharada dulce de leche

Parece que esta receta lleva muchas cosas, pero la receta es facilísima. Empezamos, como siempre, precalentado el horno a 180ºC con la bandeja en el centro.

En un bol grande, mezclamos todos los ingredientes secos: Harina, azúcar, bicarbonato, sal y canela. Reservamos.

Preparamos tres cacharritos pequeños. En uno batimos los huevos, en otro machacamos los plátanos y el último machacamos la piña (podemos triturar las rodajas, pero quizás perdamos el sabor de la piña entre tanto plátano, así que prefiero dejarla medio a trocitos).

En otro bol grande, mezclamos todos los ingredientes húmedos: Los huevos, el plátano, la piña, el aceite y el extracto de vainilla. Batimos hasta obtener una mezcla homogénea.

Incorporamos los ingredientes húmedos en el bol de los ingredientes secos y mezclamos hasta que la harina esté integrada.

Vertemos nuestra mezcla en un molde engrasado y enharinado de 15 cm de diámetro. Metemos en el horno durante 1h aproximadamente (en mi horno tarda 1h y 10 min), hasta que al pinchar el centro del bizcocho con un palillo salga limpio. Dejamos enfriar en una rejilla.


Mientras se enfría el bizcocho, preparamos la crema de queso. La receta la podéis seguir aquí. También preparamos el buttercream de dulce de leche: En el bol de la batidora (o con una batidora eléctrica de varillas duras) batimos la mantequilla con el azúcar a velocidad alta, hasta que la masa se aclare un poco, agregamos el dulce de leche y volvemos a batir. Pero, ¡eh!, podéis utilizar sólo una de las dos cremas, la que más os guste.

Con el bizcocho completamente frío y con la ayuda de una lira o de un cuchillo de sierra grande, dividimos el bizcocho en 3 capas. Colocamos una buena cantidad del relleno de crema de queso sobre la capa base y colocamos la siguiente. De nuevo crema, y la última capa de bizcocho. Con la ayuda de una espátula alisamos el sobrante. De nuevo con la espátula, alisamos nuestro buttercream de dulce de leche alrededor de la tarta.

¡A comer! Que disfrutéis del beard-day, y si es con un buen bocata de jamón, en el campo y rodeados de azahar, mejor.

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Muffins de yogur, fresa y avena

Hola. Soy Naiara y me gusta comer.

Y no comer en plan supervivencia. Me gusta comer en plan “mañana va a explotar una bomba nuclear y tengo que llenar mis reservas por si acaso no me da tiempo de meterme suficientes latas de fabada en el búnker”.

También me pasa mucho eso de “he tenido un mal día, así que me zampo un paquete gigantesco de patatas en el sofá viendo la tele”. Y quien dice patatas, dice galletas. O cereales.

Ejemplo real: Estás enferma, sin nadie a quien pedir ayuda, y no tienes ni galletas ni crispies en la despensa, así que te pones unos vaqueros y el abrigo encima del pijama para ir al súper ÚNICAMENTE a comprar un paquete de cereales. Y lo haces en más de una ocasión.

Esta es la foto que me envió mi amigo Álvar poco después de volver de Inglaterra, en su primera excursión a Carrefour. Cereales y noodles, esa es la imagen que tienen de mí por ahí.

Mi amigo Álvar me envió esta foto poco después de volver de Inglaterra, en su primera excursión a Carrefour, porque pensó que me haría ilusión. Cereales y noodles, esa es la imagen que tienen de mí por ahí. Y obviamente acertó, me emocioné como si acabara de hacer el descubrimiento del siglo.

Pero además del momento zampón frente a la tele, hay algo que me gusta todavía más: Los desayunos. Sí amigos, el desayuno es mi comida favorita del día, ¡porque lo tiene todo! Es el único momento en que puedes mezclar bollos con tomate, jamón serrano, fruta y yogur sin que te llamen loca a tus espaldas.

¿Los buffets de desayuno en los hoteles? El sueño de mi vida. Si no hay buffet, no es un hotel de verdad (con que me pongan cereales, tostadas y té o café para elegir, ya me voy contenta).

Y si además de tener donde elegir, hablamos de cosas ricas… Eso sí que es empezar el día con alegría.

Así que hablemos de estos muffins de fresa y yogur con avena. Así, sin contemplaciones. Porque si vamos a empezar el día, por lo menos lo empezamos bien, sí señor.

Muffins de fresa y el respotaje sobre República Dominicana en el número de marzo de 'Elle'. Lo que os decía sobre empezar bien el día...

Muffins de fresa y el reportaje sobre República Dominicana en el número de marzo de ‘Elle’. Lo que os decía sobre empezar bien el día…

La receta la he adaptado de la de Megan, del blog Take a Megabite. Sus posts siempre son muy divertidos, entre otras cosas porque ella está un poquitín como un cencerro. Y me encanta. Además, tiene una lista INFINITA de recetas, tanto dulces como saladas.

Muffins colonizando revista

Muffins colonizando revista

Muffins de yogur, fresa y avena

Receta para unos 12-16 muffins (Adaptada de ‘Take a megabite’)

  • 150 g copos de avena
  • 250 ml yogur de fresa (también podéis usar yogur natural, pero con el de fresa potenciamos el sabor y matamos dos pájaros de un tiro)
  • 125 g harina
  • Unas 7-8 fresas, cortadas en cubitos
  • 1 cucharadita de vinagre balsámico (es raro, lo sé, pero tened fe)
  • 2 cucharaditas de azúcar blanco
  • 1 cucharada de levadura química (tipo Royal)
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato de soda
  • 1/4 cucharadita de sal
  • 100 g azúcar moreno
  • 2 huevos, ligeramente batidos
  • 100 g mantequilla, derretida

Precalentamos el horno a 200ºC, con la bandeja a media altura.

Para empezar, ponemos nuestras fresas troceadas en un bol con las 2 cucharaditas de azúcar blanco y la cucharadita de vinagre balsámico y removemos para que todas las fresas queden pringadas. Reservamos.

En un bol, mezclamos todos ingredientes secos excepto la avena: La harina, la levadura química, el bicarbonato y la sal.

En otro bol grande, mezclamos bien los copos de avena con el yogur. Añadimos los huevos batidos, la mantequilla derretida y el azúcar. Lo mezclamos con una cuchara de madera hasta obtener una pasta homogénea.

A continuación, vertemos la mezcla de ingredientes secos en la pasta, hasta que la harina quede bien integrada. Incorporamos las fresas con todo el liquidín que quede en el cuenco.

Preparamos las cápsulas en una bandeja de horno para cupcakes para evitar que se abran. Dividimos la masa entre las cápsulas hasta 3/4 de su capacidad y horneamos durante unos 20 minutos, o hasta que al pinchar con un palillo en el centro salga limpio.

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Pintaza (en realidad en mi cabeza aquí pone “pintaca”, pero así queda más fino)

Disfrutad de vuestros desayunos este fin de semana. Y si tienen mogollón de fresas, como las de esta receta y la del pan de plátano y fresa de la anterior, pues casi que mejor.

Empezad vuestros días con alegría, que la vida es corta. ¡Un beso!

Días de sol: Pan de plátano y fresa

Hoy os traigo otra receta, una de pan para ser exactos. Pero no cualquier tipo de pan, no. Hablamos de uno que con sólo leer la receta te imaginas con una buena taza de café en una mano y un trocito de este maravilloso pan en la otra, sentada en una terracita tomando el sol.

Vale que la mayoría no tenemos terracita. Cierto. Pero es que cualquier receta que tenga fresas entre sus ingredientes me recuerda al sol, al calor, a los días largos y a los domingos de paseo.

Hace un par de semanas que tengo domingos de esos, de los que hace tan buen tiempo que no salir a disfrutar del día parece un sacrilegio. De los que te pones de tan buen humor que cuando llegas a casa te dan ganas de meter algo en el horno. Mi chico dice que nos hemos vuelto un poco domingueros, y no le quito razón. Pero ¿acaso hay algo mejor que pasar un día de fiesta hinchándose a dulces y a solete?

Pues eso precisamente es este pan: Un pan dominguero. Para salir a disfrutarlo a nuestra terraza imaginaria, a la playa o de picnic, y absorber todo este primer calorcito de la temporada. Deshielo post-invernal.

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Y si además de fresas añadimos a la ecuación plátanos, yogur, canela, miel… Obtenemos un pan dominguero de deshielo redondo. Pan de plátano y fresa, como los Petit de cuando éramos pequeños.

La receta, igual que nuestro otro pan de plátano, la he adaptado de la de brown butter banana strawberry bread del blog ‘Joy the baker’, que no me cansaré de repetiros que visitéis.

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Pan de plátano y fresa

Adaptada del blog ‘Joy the baker’

  • 120 g mantequilla derretida (la podemos sustituir por margarina si queremos hacerla un pelín más sana)
  • 250 g harina
  • 100 g azúcar
  • 1 cucharadita bicarbonato
  • 1/2 cucharadita sal
  • 3/4 cucharadita de canela (podemos omitirla si queremos que sobresalga un poco más el sabor a fresa, yo después de probarlo lo recomiendo)
  • 2 huevos L
  • 60 ml yogur natural o de fresa (como el sabor a plátano es tan potente, si es de fresa mejor)
  • 20 ml miel
  • 3 plátanos maduros
  • Unos 75 g de fresas troceadas

Para empezar, precalentamos el horno a 175ºC. Engrasamos nuestro molde y reservamos.

En un bol grande, mezclamos todos los ingredientes secos: La harina, el azúcar, el bicarbonato, la sal y la canela.

En otro bol grande machacamos los plátanos (los podemos triturar, pero a mi me parece que queda mucho mejor si los machacamos con un tenedor y quedan trocitos). Batimos los huevos y los añadimos a los plátanos. Incorporamos el yogur y la miel y mezclamos todo bien.

Añadimos la mezcla de ingredientes húmedos a los secos y mezclamos hasta asegurarnos de que no quedan “bolsillos escondidos” de harina, como dice Joy.

Vertemos la mezcla en nuestro molde y horneamos durante 50-60 minutos (mi molde es chiquitín, así que me quedó un pan muy alto que tardó 65 minutos en estar listo). Dejamos enfriar antes de desmoldar el pan.

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Os presento a Nietzsche, mi perrito adoptivo

Os presento a Nietzsche, mi perrito adoptivo

Admiramos la buena pinta que tiene y a continuación nos cortamos un trozo dejando las puntas. Lo servimos ya cortado y fingimos que no falta ningún trozo, aunque ya nos hayamos zampado tres.

¡Que vivan el solete y las fresas! ¡Un besote!

Dile que le quieres con un brownie

Hoy os traigo otra receta ideal para estos días amorosos. Y no sólo por lo obvio (corazones y demás, ya sabéis de qué va esto), sino porque es apta hasta para los más ineptos, culinariamente hablando. Os pongo en antecedentes: Esta fue la primera receta que preparé que no tuviera que ver estrictamente con no morir desnutrida, cuando mis amigos vinieron de visita a Inglaterra y quería hacerles un regalito (porque además su vuelo llegaba a las tantas y estaba segura de que tendrían hambre, que nos conocemos).

Y como por aquel entonces mis conocimientos de repostería rondaban más bien el “cero patatero” (ahora hemos mejorado un poco, pero tampoco es que esté yo saturada de conocimientos…), buscaba algo fácil y rico. Resultón vamos. Así que lo primero que me vino a la mente fue uno de esos brownies americanos maravillosos, chocolateados al máximo y ricos como ná.

Partimos de la base de que necesitaba una receta que fuera ultra fácil de seguir y que se pudiera llevar a cabo con mis más bien escasos cacharros de la cocina de la residencia. Así que esta receta de brownie clásico del blog El Monstruo de las Galletas (si no lo conocéis, a partir de ahora me vais a querer mucho) fue todo un hallazgo. Porque es TAN fácil, y está TAN buena… Tanto, que la probé hace años y nunca cambié: Esta es mi receta de brownie, la que siempre uso, mi “amor de brownie”.

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Lo mejor de esta receta es que se usan ingredientes de los que se tienen por casa, y no me vengáis con que no tenéis chocolate en casa, porque entonces tenemos un problema serio.

En este caso no hemos añadido las nueces de la receta original por dos razones: 1. Porque soy alérgica y aunque amo los brownies no merecen que muera asfixiada, y 2. Porque como la idea era cortarlo con un cortador para galletas, los bordes quedan mejor si no encontramos tropezones. Si no vais a usar cortador, a por las nueces sin miedo, o almendras, o trozos de chocolate enteros que chorrean cuando lo cortas…

Otra cosa que hemos hecho diferente aquí ha sido alargar un poco el tiempo de horneado, y también tiene que ver con el tema del cortador de galletas. Así que si lo vais a hacer de la forma tradicional (prometo que aunque no tenga forma de corazón este brownie también le dice a la persona que lo recibe “Eh, que te quiero”), hornearemos sólo 20-25 minutos, lo suficiente como para que esté seco por arriba pero que al pinchar con un palillo aún salga con un poquito de masa.

IMG_0645_(640w-Q80) Brownie clásico de chocolate Receta del blog ‘El Monstruo de las Galletas’ Para el brownie:

  • 250 g mantequilla sin sal
  • 140 g chocolate de cobertura (60% por lo menos)
  • 4 huevos
  • 225 g azúcar
  • 120 g harina
  • 100 g nueces (opcional)

Para la cobertura:

  • Yo utilicé 50 g chocolate negro + 50 g chocolate blanco. Pero podéis utilizar el chocolate que os apetezca, incluso darle un toque de sabor diferente con las coberturas de chocolate de colores y sabores como las que tenemos en la tienda.

Para la decoración:

  • Lo mismo. Yo utilicé glasa roja, pero puede ser cualquier tipo de chocolate o candy melts, bolitas de colores…

Empezamos precalentando el horno a 180ºC, con calor arriba y abajo y la bandeja a media altura. Engrasamos y enharinamos un poco nuestro molde, en mi caso uno cuadrado de 24×24 cm.

Derretimos la mantequilla en el microondas o al baño María, con cuidado de que no se nos queme. Cuando la mantequilla esté derretida, vamos añadiendo el chocolate hasta que se funda por completo. Si no terminan de deshacerse los trocitos, metemos en el micro de 15 en 15 segundos hasta que quede una mezcla lisa.

A continuación, en un bol grande batimos el azúcar y los huevos, sólo hasta que se mezclen, sin añadir mucho aire. Esto es importante, porque a diferencia de los bizcochos, en un brownie no queremos que la masa suba.

Añadimos la mezcla de mantequilla y chocolate fundido (cuando ya esté un poco templada) y removemos bien. Agregamos la harina y mezclamos hasta que se integre.

Vertemos nuestra mezcla en el molde que habíamos preparado y horneamos durante unos 30 minutos (ya sabéis, si queremos que quede más jugoso como en la receta normal, entre 20 y 25 minutos). Lo sacamos y lo dejamos enfriar. De nuevo, si no vamos a hacer ninguna forma, lo ideal es servirlo calentito con una bola de helado o nata montada. Cuando esté frío, cogemos nuestro cortador y vamos cortando aprovechando al máximo el espacio. Nos comemos los restos para no dejar pruebas.

Derretimos el chocolate que hayamos elegido en el micro y cubrimos nuestros corazones. Cuando el chocolate se haya endurecido, terminamos con la decoración que nos guste más.

Y ala, ¡a repartir amor! Un besote. IMG_0648_(640w-Q80)

El más tópico de todos los tópicos: Red velvet para San Valentín

Vale, lo reconozco. San Valentín no es lo mío. Eso de los corazones hasta en la sopa, los escaparates amorosos, los maratones de películas pastelonas en la tele… No me va ni un poquitín.

Que no digo que no me gusten las cosas adorables y las películas de amor ñoñas, porque sabe Dios que me gustan hasta la saciedad. Es sólo que en el contexto de San Valentín me toca las narices. Y tampoco insinúo que no me guste el amor, ¡ojo! El amor mola.

Pero eso de que sólo sea un día al año… ¡Ay! Cosas adorables, películas ñoñas y, sobre todo, AMOR, ¡deberíamos tenerlos todos los días del año! :D

¿Y sabéis que más me gusta, y que también mola mucho? El red velvet (literalmente, terciopelo rojo). Es ese bizcocho rojo, jugoso e increíblemente rico tan típico de Estados Unidos, que normalmente va acompañado de un buttercream de crema de queso (puede que lo hayáis visto por ahí como cream cheese frosting).

Y que San Valentín no me emocione especialmente no significa que no quiera que os pongáis manos a la obra y sorprendáis a vuestros enamorados con estos maravillosos red velvet cupcakes. Y cuando digo enamorados, digo amigas, amigos, familia… ¡Red velvet para todos!

Sí, lo sé: Corazones rojos.

Sí, lo sé: Corazones rojos.

El hecho de que el bizcocho sea rojo lo convierte en el tópico más tópico de todos los tópicos de San Valentín. Pero no por eso vamos a dejar de incluirlo en nuestra lista de “voy a aprovechar el día de los enamorados para preparar cosas ricas”, ¿verdad?

Muchos nos habéis preguntado estos días por la receta de este bizcocho, y os voy a dar la que más me gusta. Es la receta adaptada de uno de mis blogs favoritos, Joy the baker (esta de aquí), que a su vez salió del libro de recetas de la Hummingbird Bakery. Así que viniendo de esas dos fuentes, estaba claro que la receta tenía que ser un éxito.

El red velvet tiene un sabor particular y una receta un tanto especial. No lleva levadura, sino vinagre y bicarbonato. Lleva cacao en polvo, pero no sabe a chocolate exactamente. Además, la receta original se hace con buttermilk, una especie de leche fermentada que aquí es muy difícil de encontrar, pero que da una jugosidad estupenda al bizcocho (en nuestro caso, lo sustituiremos por leche y zumo de limón y nos quedaremos tan panchos).

Pero que nada de esto os eche para atrás. Prometo que la amaréis. Y si tenéis alguna duda, os remito a mi amigo Iván, que es el mayor fan del red velvet (después de mí, ejem) que podéis encontrar por aquí.

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Red velvet cupcakes con buttercream de crema de queso

Ingredientes para 12 cupcakes (receta adaptada de Joy the baker)

Para el bizcocho:

  • 80 g mantequilla
  • 150 g azúcar
  • 1 huevo L
  • 3 cucharadas de cacao en polvo sin azúcar
  • 2 cucharadas de colorante alimentario rojo en gel o 1/2 cucharadira de colorante rojo en pasta
  • 1/2 cucharadita de extracto de vainilla
  • 125 ml leche
  • zumo de medio limón
  • 165 g harina
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 1/2 cucharadita de bicarbonato sódico
  • 1 1/2 cucharada de vinagre

Para el buttercream de crema de queso

  • 300 g icing sugar
  • 60 g mantequilla sin sal a temperatura ambiente
  • 150 g queso crema tipo Philadelphia, frío

Primero, como siempre, precalentamos el horno a 180ºC y colocamos la bandeja en el tercio superior del horno esta vez.

Para el bizcocho, empezamos preparando nuestro sucedáneo de buttermilk. Vertemos el zumo de limón y la leche en el mismo recipiente y dejamos reposar durante unos 5 minutos. Veréis que la leche tiene grumos, como si se hubiera puesto mala: Eso es lo que buscamos. Por otra parte, en un bol grande tamizamos la harina y la sal y reservamos.

A continuación, mezclamos en un bol pequeño el cacao en polvo, el extracto de vainilla y el colorante rojo hasta formar una pasta (este paso es una de las rarezas de la receta). Si el colorante que usáis es en pasta, os recomiendo que este paso lo cambiéis, ya que no tendréis bastante colorante como para que se forme la pasta: Tamizad el cacao en polvo junto con la harina y añadid el colorante y el extracto de vainilla después de incorporar el huevo (ahora lo veis).

Batimos la mantequilla con el azúcar hasta que la mezcla quede pálida y suave. Añadimos el huevo y batimos hasta que esté integrado. Ahora mezclamos la pasta que habíamos preparado hasta que esté completamente integrada y toda la masa esté teñida (repasamos bien los bordes). Añadimos la mitad de la harina tamizada y nuestro buttermilk casero y mezclamos hasta integrar la harina. Repetimos con el resto de la harina.

Incorporamos el bicarbonato al vinagre, y cuando empiece a burbujear, lo añadimos a la mezcla y mezclamos despacio hasta integrarlo del todo.

Preparamos nuestra bandeja de horno para cupcakes con las cápsulas que hayamos elegido y las llenamos hasta la mitad de su capacidad. Metemos la bandeja en el horno y horneamos durante unos 20 minutos, o hasta que al pinchar los cupcakes con un palillo este salga limpio. Dejamos enfriar unos minutos en la bandeja y pasamos a una rejilla para que se enfríen por completo.

¡Mirad qué rojo más bonito! Y la cápsula blanca para que se vea bien

¡Mirad qué rojo más bonito! Y la cápsula blanca para que se vea bien

Mientras tanto, preparamos el buttercream de crema de queso. Para este buttercream hay muchas recetas, pero yo os voy a explicar la que a mí mejor me funciona. Quizás os cueste un poco pillarle el truco, pero que no cunda el pánico, todos hemos acabado en algún momento con un líquido raro lleno de grumos de mantequilla que no sirve para nada.

Pero merece la pena, porque en mi opinión este es el MEJOR BUTTERCREAM DE LA HISTORIA. Y como pega con prácticamente cualquier receta de bizcocho, lo usaréis y lo usaréis hasta que en las tiendas se nieguen a venderos más crema de queso.

Empezamos mezclando la mantequilla con el icing sugar con un batidor eléctrico. Es importante que quede bien integrado para evitar el desastre del líquido grumoso. Cuando lo tengamos, añadimos la crema de queso fría y batimos hasta que obtengamos una crema uniforme. Nos quedará más blandito que un buttercream normal, así que no lo batáis demasiado.

Metemos el buttercream en una manga pastelera con boquilla redonda y decoramos nuestros cupcakes. Y como estamos en plan ñoño, podemos coronarlos con un corazón de fondant rojo con purpurina.

Iremos dándoos más ideas para ese día tan amoroso. Y también podéis encontrar más ideas en uno de mis álbumes de Pinterest ;) http://www.pinterest.com/naiarareig/valentines-day/

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La felicidad convertida en tarta de pera y canela

Empezamos otro fin de semana movidito en la tienda. Durante tres días vamos a tener el local ocupadísimo con cumples, cursos, y demás. Y por alguna razón, parece que cuanto menos tiempo tienes para meterte en la cocina, es cuando más te apetece regalarte algún capricho o preparar algo a esas personas a quienes quieres (¿Eh? ¿No soy yo la única, verdad?).

Llevo dos semanas detrás de la receta que os había prometido, y viendo el panorama de este fin de semana, no me ha dado la gana de esperarme hasta el lunes. Así que anoche me arremangué, dejé a un lado el resto del trabajo que me quedaba por hacer y empecé a pasar las páginas del libro de recetas más bonito del mundo mundial: Las recetas de la felicidad, de Sandra Mangas.

Ya os he hablado de Sandra y de lo mucho que la adoro a ella y a su blog, La receta de la felicidad. Desde que lo descubrí se convirtió en uno de mis imprescindibles diarios, y no sólo porque con sus posts aprendes un montón, aciertas seguro con cualquiera de sus recetas, y disfrutas de unas fotos que dan ganas de chupar la pantalla. No. Sino porque, además de ser estupenda toda ella, con sus posts del blog pasas un rato divertido seguro, y eso para mí es tan necesario como que las recetas estén ricas, porque si eso no acompaña, todo lo demás cojea.

Y tengo miles de millones de libros en la lista de todos esos que me quiero comprar. Pero cuando Sandra publicó el suyo… He de confesar que yo no soy muy de echar indirectas cuando quiero que me regalen algo, pero con este libro, ¡Dios! ¡Ya no sabía a quién más ponerle ojitos con el libro en la mano en cualquier librería, a quién más decirle lo precioso que era, ni a quién más asegurarle que lo necesitaba! Y para no hacerlo normalmente, me salió bien la jugada y los Reyes Magos se apiadaron de mi pobre familia para que dejara de darles la brasa a todos (¡viva!).

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Así que un montón de recetas increíbles y con un estilismo completamente perfecto cayeron en mis manos. Por fin pude averiguar cómo había hecho Sandra el famoso bizcocho con el conejito dentro que me había estado quitando el sueño desde que vi la foto en su blog. Y, evidentemente, me entraron ganas de probar todas y cada una de las recetas, dulces y saladas. Que por cierto, ¿os apetece una receta salada? Que no sólo de dulces vivimos (vale, algunos días sí…).

El bizcocho más adorable del mundo, acompañado de un "¡Dios! ¿Por qué no se me ha ocurrido a mí?"

El bizcocho más adorable del mundo, acompañado de un “¡Dios! ¿Por qué no se me ha ocurrido a mí?”

No quería elegir ninguna receta de las que os chafarían la sorpresa (como la del bizcocho del conejito), ni tampoco ninguna de las que aparecen en el blog. Así que al final elegí estas mini tartas de pera y canela, que tienen una pinta que te mueres y son muy fáciles de preparar, para que este fin de semana quedéis como unos reyes con el postre de la comida familiar o de la cena con amigos (en el postre de la cena de ayer ya desaparecieron dos, recién salidas del horno y todavía calientes…).

Estas tartitas van en un recipiente apto para horno, cubiertas con masa quebrada, que podemos preparar en casa en un momentín o comprarla ya hecha. Yo utilicé la receta de Sandra, también en el libro, pero con las cantidades que ella indica reducidas a la mitad.

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Mini tartas de pera y canela

Para 6 mini tartas aproximadamente. Adaptado de ‘Las recetas de la felicidad’, página 55

Para la masa quebrada:

  • 200 g harina
  • 100 g mantequilla muy fría, cortada en cubitos
  • Una pizca de sal
  • 50 ml agua muy fría

Para el relleno:

  • 4 peras (Sandra recomienda las Red Bartlet)
  • 25 g harina
  • 1 cucharada de canela en polvo
  • Zumo de un limón
  • 20 g mantequilla
  • 2 cucharadas de miel (ella usa azúcar, pero creo que la miel le da un toque especial)
  • Un poco de azúcar y canela para espolvorear

Empezamos preparando la masa quebrada. En un bol grande ponemos la harina, la sal y la mantequilla fría. Con los dedos vamos mezclando la mantequilla con la harina hasta que se formen como migas (es importante no manipular mucho la mezcla, para evitar activar el gluten de la harina y que se nos derrita la mantequilla). Añadimos el agua muy fría y formamos una bola de masa. La envolvemos con film y la metemos en la nevera durante media hora.

Mientras tanto, vamos preparando el relleno. Lavamos las peras, las pelamos y las cortamos en cubitos no demasiado grandes. Las metemos en un bol grande y añadimos la harina, la canela el zumo de limón y la miel. Removemos bien, para que todos los trocitos de pera queden impregnados.

Dividimos la mezcla entre los seis cacharritos aptos para horno y desmenuzamos un poquito de mantequilla encima de cada uno.

Cogemos nuestra bola de masa quebrada y la extendemos con un rodillo entre dos hojas de papel de horno, hasta que tenga un grosor de medio centímetro, más o menos. Con un cortador un poco más pequeño que el diámetro de nuestro recipiente, cortamos círculos de masa y los colocamos encima de las peras. Tendrá que quedar un poco de espacio entre la masa y el recipiente para que el vapor de la cocción pueda escapar por ese hueco.

Espolvoreamos con un poco de azúcar y canela y metemos los recipientes en el horno precalentado. Horneamos durante unos 20-30 minutos, dependiendo de lo maduras que estuvieran las peras que hayáis usado (ojo que no se os tueste demasiado la masa quebrada).

Dejamos templar unos minutos y servimos todavía calentito. Un postre 10, ideal para el invierno. ¡Gracias Sandeea!

Feliz fin de semana chicos. Un besote.

El azúcar con la canela, doradito y crujiente

El azúcar con la canela, doradito y crujiente

Domingos en casa y batidos de fruta

Seguimos con las cosas misteriosas que pasan durante el mes de enero, en el que todos nos hemos propuesto comer más sano y hacer más ejercicio. Entre semana todo es más fácil, cuando tenemos cosas que hacer, cosas en las que pensar.

Pero de repente llega el domingo, te pasas toda la mañana en casa, y ese paquete de galletas que tienes en la despensa te llama con una voz inquietante. ¿Y qué haces? Pues vas a ver qué quieren las puñeteras galletas. Y te las comes.

Porque vale, también tienes plátanos, pero están marrones y feos y no te llaman para que te los comas, ni mucho menos.

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Bien, pues tengo una solución. Resulta que sube el jefe de la compra y nuestro frutero le ha regalado una bolsita de kiwis que ya están muy maduros. A mí me encantan los kiwis, pero cuando están blanduchos no puedo ni pensar en comérmelos.

Así que pienso en hacer algo con ellos, y como estamos intentando comer sano, una tarte tatin de kiwi no es una opción.

Investigo un poco y acabo en una receta de batido de kiwi y plátano de la página web de Jamie Oliver. Así que ni lo dudo. Si lo dice Jamie, hay que intentarlo. ¿Lo mejor? Que incluimos nuestros plátanos poco apetecibles y el poquito de avena que nos sobró de la receta de granola.

Para los que no le conozcáis (o si, pero sólo su faceta como el mejor cocinero del mundo mundial), a Jamie le preocupa mucho la nutrición infantil. De hecho, llevó a cabo una campaña enorme para cambiar y mejorar los menús de los colegios. Esta receta forma parte de esa preocupación, para ayudar a que los niños coman y aprecien la fruta. De hecho, en su página incluye una tabla de información nutricional por cada vaso de batido. Es lo más.

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Es así de sencillo:

Ingredientes para 4 vasos de batido grandes (adaptado de la página web de Jamie Oliver)

  • 3 kiwis, pelados y cortados en dados (podemos quitarles el corazón)
  • 1 plátano
  • 4 cucharadas de copos de avena
  • 200 ml leche desnatada
  • 125 ml yogur natural
  • Una cucharadita de canela (Jamie usa jengibre, que pica un poco. Lo he probado y para esta mezcla no me ha convencido demasiado, así que lo he sustituido por canela, que al plátano siempre le va bien)
  • Miel al gusto

Colocamos todos los ingredientes, excepto la miel, en el recipiente de la batidora. Batimos durante un minuto, hasta que veamos que la mezcla está lo más lisa posible (si somos un poco tiquismiquis con los grumos, podemos colar nuestro batido, pero si no lo hacemos nos quedaremos también con todos los beneficios de la pulpa). Lo vertemos en 4 vasos altos y añadimos miel para endulzar.

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¿Veis? Otra forma fácil de desayunar o merendar de forma sana y rica. Con mogollón de vitaminas, calcio y fibra (sí he dicho fibra, a lo loco). Así le plantamos cara a las galletas parlanchinas y nos deshacemos de la fruta pocha, todo en uno. Y lo mejor de todo es que los batidos de fruta siempre son una buena opción para comer sano. Mi preferido es el de plátano y canela (ya os he dicho más de una vez que es la combinación perfecta), lo hago constantemente desde que aprendí a usar la batidora y pude dejar de pedírselo a mi madre.

¡Un besote!

P.D: Hoy tengo la última clase del curso online. Pronto os hablaré de él, porque ha sido de las mejores cosas que he hecho últimamente.

Granola fácil y rica para empezar bien el día

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Aquí estoy yo, con el café en una mano, un paquete de galletas en la otra, “El tiempo entre costuras” derringlado de la biblioteca (y que ayer cargué todo el día en el bolso con el más infructuoso de los resultados) mirándome desde la esquina de la mesa, y un curso on-line maravilloso que estoy haciendo en la pantalla del ordenador.

Termino la clase de hoy y pienso “Bueno, ya está bien de tonterías, hoy publico una receta en el blog como que me llamo Naiara y me voy a zampar medio paquete de galletas antes de acabarme el café”. (También pienso “Mecachis, no tendría que sacado el paquete entero a la mesa…”).

Miles de tartas, bizcochos y panes (¡Ay dios! Os tengo preparados unos panes…) invaden mi mente. Y acto seguido me doy cuenta del mes en el que estamos, y todos mis planes se vienen abajo.

Exactamente amigos, es ENERO. Ese mes en que acabamos de pasar por un sinfín de comilonas, turrones y polvorones y, como acaba de empezar el año, todavía estamos todos en esa fase de “Uy, me dejo los pasteles y voy al gimnasio un mes y me deshago de esos kilines navideños”. Errooooooooor. Porque, ¿quién?, señores, ¿quien que esté en su sano juicio, abandona los pasteles?

Y aunque todos sabemos que es mentira y la dieta nos dura sólo lo que tardamos en ir a comer a casa de la suegra, el siguiente pensamiento que cruza mi cabeza es “Si pongo una receta de donuts me mandan directa al paredón”.
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Así que no voy a ser yo quien os desanime, que comer sano y hacer un poquitín de ejercicio en realidad no cuesta nada. ¿Filete? Pues claro, pero con una ensaladita en vez de con patatas. ¿Merienda? Me ofenderíais personalmente si no merendarais, pero una manzana o un plátano en vez de un bocadillo. ¿Desayuno? La comida más importante del día, pero con una granola estupenda y súper sana en vez de un croissant (que Dios me perdone…).
Y si no tenéis tiempo o dinero para apuntaros al gimnasio, salid a correr, a dar una vuelta con la bici, ¡a patinar! Y si eso tampoco os convence, empezad a caminar, a subir por las escaleras. Tampoco hace falta complicarse.
A mí me gusta desayunar como una campeona, y prometo que esta receta nos vendrá bien a todos para comer sanete sin dejar a un lado las cosas ricas. Así que ahí  va:
Granola con almendras y fruta
Ingredientes:
  • 200 g avena (la podéis comprar en grandes superficies, la mía es de Carrefour).
  • 75 g almendras laminadas o picadas
  • 75 g avellanas picadas
  • 75 g fruta deshidratada (la que más os guste)
  • 75 g coco laminado o rallado (mi mix de fruta deshidratada ya llevaba coco, así que puse directamente 150 g de mix)
  • 1 cucharadita de canela
  • 80 ml miel
  • Una pizca de sal

Nota: Podéis cambiar los frutos rojos por cualquier fruta seca que os guste, o añadir también nueces picadas (si no tuvierais que salir pitando hacia el hospital después de desayunar para que os pincharan en el culo, como es mi caso).

Precalentamos el horno a 175 ºC. Mezclamos todos los ingredientes en un bol, menos el coco y la fruta para que no se quemen, y colocamos la mezcla sobre una bandeja cubierta con papel de horno.

Horneamos a media altura durante unos 25 minutos, removiendo la mezcla de vez en cuando (cada horno es un mundo, así que estad atentos para que la mezcla se tueste pero no se queme, quizás en vuestro horno sea más o menos tiempo).

Añadimos el coco rallado y horneamos durante 5 minutos más. Sacamos del horno, dejamos enfriar completamente, y añadimos la fruta deshidratada. Para conservarlo bien, metemos la mezcla en un recipiente hermético.

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Lo tomáis con leche o con yogur, añadís fruta fresca… ¡Así sí da gusto desayunar sano! Para afrontar con energía la cuesta de enero, ¡claro que sí!

Así que ánimo con el mes de los propósitos de año nuevo. El mío: No más paquetes de galletas a medias entre yo, y mi otra yo de ese mismo día por la tarde.

Un besote.

P.D: Una foto de mi regalo de Reyes, así que no os emocionéis con eso de las recetas mega-sanas y el abandono galletístico… ¡Qué alegría!

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¡Hola 2014! :D Mince Pies

Antes que nada, lo primero y principal: ¡FELIZ 2014! Cambiamos de año y estoy segurísima de que este va a ser mejor que el 2013 (que fue bastante asqueroso, lo sabemos). Y no sólo va a ser mejor, sino que va a ser LEGEN-DARIO (fans de “Cómo conocí a vuestra madre”, ¡uníos!). Así que vamos a disfrutar de este 2014 como nos merecemos :)
Y vamos ya con la crónica de estos últimos días. Porque, queridos amigos,
¡me ha vuelto a pasar! ¡Otro año más, me ha vuelto a pasar! Han vuelto a pasar los Reyes Magos, ¡y yo me he quedado otra vez sin tiempo para hacer roscón! Maldita sea yo y mi falta de tiempo…
Sólo hay unos días al año para comer roscón, que me encanta, y se me pasa… Con lo geniales que son esas comidas que tienen un período acotado, ¡como las monas de Pascua! ¡A Dios pongo por testigo de que este año NO me quedaré sin hacer mona!
Lo que sí que hice fueron mince pies :)
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Para los que no los conozcáis, son unos pastelitos típicos de la Navidad en Reino Unido, que van rellenos de un picadillo de fruta. En su versión original llevaban sebo de oveja o ternera, pero actualmente se suelen hacer sin ella. De hecho, el relleno se puede comprar ya preparado y en conserva (yo compré el mío en la sección de Inglaterra en el pasillo de “Comidas del mundo” en Carrefour).
¿Y por qué mince pies británicos y no roscón de Reyes, español de toda la vida? Todo tiene una explicación.
La comida es una parte tan importante de mi vida, que prácticamente todas las recetas que preparo me recuerdan a alguien que conozco. Porque alguien me las recomendó, porque sé que a alguien le gustan o, como en este caso, porque alguien que conozco (y a quien quiero mucho) las prepara.
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En este caso, se trata de mi amiga Helen, que por lo visto hace los mejores mince pies del mundo (de verdad, ella misma lo decía). Fue un apoyo durante mi año en Inglaterra, y al final me fui sin probar esos estupendos mince pies de Helen. Y este año he decidido hacerlos yo misma.
Así que aquí os dejo LA receta, SU receta. No de su puño y letra, pero casi :)
Ingredientes (para unos 16 mince pies)
  • 1 huevo
  • 145 g azúcar moreno
  • 285 g maragrina
  • 400 g harina
  • Una lata o tarro de mincemeat (relleno de fruta). Pero si no os dice mucho, podéis probar a rellenarlos con otra cosa.

En un bol, mezclamos el huevo y el azúcar. En otro bol más grande, mezclamos la harina y la margarina con los dedos hasta que parezcan migas (es importante que la margarina esté muy fría, para que se derrita lo menos posible al contacto con nuestros dedos).

Mezclamos la harina y margarina con el huevo y el azúcar. Amasamos hasta que podamos trabajar la masa con un rodillo. Quedará un poco pegajosa, pero tenéis que poder trabajarla sin que se os quede pegada en las manos.

Precalentamos el horno a 190ºC y engrasamos un molde de horno (yo usé uno para tartaletas, pero podéis usar uno para cupcakes, por ejemplo).

Estiramos la masa con un rodillo en una superficie enharinada. Con un cortador redondo con un par de centímetros de diámetro más que el agujero del molde, cortamos círculos y los presionamos dentro de los agujeritos, como si fueran cuencos.

Los rellenamos con una cucharada de mincemeat, hasta que llegue al borde, y tapamos la tartaleta con otro círculo un poco más pequeño. Presionamos los bordes para que queden pegados. Se pueden dejar sin tapar, como si fuera una tartaleta. Y si nos queremos poner artísticos, podemos usar un cortador con alguna forma para la tapa.

Metemos el molde en el horno durante 20 minutos y, como diría Helen, ¡ta da! :)

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Así que este es mi particular homenaje a mi chica, a todas las noches en su habitación viendo series y películas, a nuestras primeras french toast que daban bastante asco, sus correcciones a mi inglés que tanto me ayudaron, a nuestras salidas y nuestras idas y venidas.
Thanks, Helen. This post’s for you ;)